“La carrera”

 

de Gabriel Fernández Chapo. 


Departamento típico de los conglomerados de edificios de barrios obreros. La vivienda está muy deteriorada. Se evidencia que el living es utilizado por Juan para dormir. El sofá es su cama. Las ventanas están tapadas con papeles de diarios. Entra muy poca luz.
De la calle ingresa Juan con un perro. Sumamente ofuscado mete el perro en la habitación contigua. Los ladridos de otros perros dejan adivinar que tres o cuatro perros más están encerrados en ese cuarto.


JUAN : (Mirando el cronómetro que tiene en su mano derecha) Tres minutos cuarenta. No puede ser. Una eternidad. Una vida. Como la mía que se va por su culpa, hijos de puta. (Patea la puerta) Una simple corrida nada más. Eso. Tan solo eso les pido. (Angustiado) Pero no. Tres minutos cuarenta. No hay duda: seguirán sin comer . (Agarra una campanilla del modular y se las hace sonar insistentemente a los perros) Escuchen. ¿Ustedes creen que es joda esto? Es una carrera ilegal: ganan o mueren. Ahora... a sufrir el hambre. Cuando corran como deben, los dejaré de aturdir con esta campanita y comerán lo que quieran.

Juan toma una libreta y realiza anotaciones. Arranca la hoja de la libreta y la pincha en una de las ramas del Arbol de Navidad que se encuentra en un rincón del living y que sigue armado pese a ser invierno. El árbol está lleno de hojas de libreta y facturas de servicio e impuestos clavadas en las puntas de sus ramas. Juan, preocupado, lee y compara las anotaciones.

JUAN: (Desesperado. ) Tres días. Zeus, Ulises, Aquiles, faltan tres días y ustedes corren como si pasearan por Palermo. Les juro que tendrán que...

Suena el timbre del departamento que tiene un sonido similar al de la campanilla de Juan. En ese momento, Juan comienza a arrascarse desesperadamente como si tuviera pulgas. Se mueve nervioso por el departamento. Abre la puerta. Entra Anna intempestivamente con un bebé en brazos. Se dirige directamente al sofá donde se sienta sin sacarse el saco. Los rasguños de los perros sobre la puerta resuenan en el ambiente a partir del ingreso de Anna.

ANNA: (Totalmente neurótica. Mirando las sábanas que usa Juan para dormir en el sofá) Podrías cambiar las sábanas cada tanto. Cuando traigo a Solcito acá, siempre vuelve con ronchas en los brazos. Ronchas, ¿entendés? De pulgas. Un punto bien rojo que se va haciendo rosado suave. Y cuánto más rosado, más te pica. Te clavas las uñas y te llenas de mugre tu propia roncha. ¿Eso querés? (Juan la calla dándole un beso en la boca. Ella quita sus labios pero sin agresividad. Es un rechazo dulce. Incómodo silencio en el cual no se miran ) Hace frío acá.

El la huele como reconociéndola.

JUAN : Las extraño

ANNA : (Siempre habla sumamente veloz. Como que las palabras se encimaran unas sobre otras sin respirar) Vos elegiste. Había dos opciones. Una y otra. Vos optaste por una. Y en esa una no estábamos Solcito ni yo. Simple. Muy simple. No hay que ser demasiado inteligente para entenderlo.

JUAN : En tres días es la carrera. ¿Entendés amor? Es nuestra oportunidad, es la chance que tanto esperamos para olvidarnos de los quilombos. (Ante la desconfianza de ella) No me mirés así. Hay muchísima plata para el ganador. Con el premio vamos a poder...

ANNA : (Lo interrumpe) Nada. No vamos a poder nada. Con tres perros flacos que los echaron de la Policía con vos, ¿qué vas a hacer? Por favor, Juan...

JUAN : Tienen nombres esos «perros», ¿cuántas veces te lo tengo que decir?, y están flacos porque quiero que estén más livianos y veloces. Serán una pluma, un mínimo esfuerzo de sus patas y volarán. Vas a ver... te voy a dedicar la victoria, vamos a tener un montón de guita. (Entusiasmado. La toma de las manos y le muestra el lugar) Vamos a decorar el departamento a tu gusto, todos los muebles de algarrobo. ¿Eso te gusta, no?

ANNA : (Lo interrumpe) Sabés que lo nuestro no funciona, Juan. Ya ni hablábamos en la mesa. Sólo te miraba masticar. Prefiero seguir como estoy: al menos lavo un sólo plato.

JUAN : ¿Y entonces por qué venís tan seguido a verme? ¿Será que te diste cuenta que no es tan fácil llenar ese único plato? Ehh... decime por qué venís.

ANNA : No sé.

JUAN : ¿No sé?

ANNA : Quizás porque alguna vez fui feliz acá. Bahh... eso creo. Es el único recuerdo de mi vida, el único momento en que no desee ser otra. Y me agarro a él. ¿Está mal? Aunque cada día parece que se alejara más de mí. Es como un orgasmo, cuánto más lo querés sentir, más se aleja. Y te desesperás. Y los desesperados hacen boludeces. Como venir acá.

JUAN : ¿Qué decís?

ANNA : (Deja a la beba sobre el sofá y representa el recuerdo. Juan se deja llevar) ¿No entendés? Un recuerdo feliz. Fue una noche. ¿No te acordás? La cebolla saltaba en la sartén y vos escuchabas unos discos. De golpe me sacaste a bailar. Nos tropezamos con el alfombra y caímos al suelo.

JUAN : Sí, me acuerdo. No podíamos parar de reírnos.

ANNA : Lo hicimos ahí donde caímos. Fue la única vez que tuvimos sexo fuera de la cama...y que quedé embarazada.

Juan pretende besarla pero ella se separa con bronca.

ANNA : Tu hija también está veloz. (Mostrándole las piernitas de la beba) Mirá que flaca que está. Si corriera, también podría volar como tus perros.

JUAN : No me digas eso.

ANNA : Es la verdad, Juan. Aunque no quieras escuchar, su panza sigue crujiendo.

JUAN : (Nervioso) ¿Qué querés que haga? Yo no elegí estar sin laburo. ¿Qué pretendés? ¿Que salga a afanar?

ANNA : (Irónica) Por algo te echaron de la Policía, ¿no?. Pero sos tan imbécil que no tenés nada, no te quedó nada.

JUAN : No hablés si no sabés. Porque no tenga guita, no quiere decir que no tenga dignidad . (La beba empieza a llorar. Juan quiere alzarla. Ella lo quiere impedir.)

ANNA : Cumplí como padre y después te dejo agarrar a la nena.

JUAN : (Ahora es él quien muestra su fortaleza) ¿Cómo? ¿Vos vas a decidir si puedo o no tener en brazos a mi hija? (Con suma tensión, Juan sujeta con su mano el rostro de Anna. Parece mostrarle que si él quisiera podría pegarle en ese preciso instante. Ella deja que él tome a la beba)

Venga mi nena. Estos brazos son tus brazos aunque tu mami no lo entienda. ¿Sabés? Ella no cree en mí. Piensa que nunca puedo hacer algo que salga bien. Sí, Solcito, a mami nunca le alcanza. (Juan se acerca a la habitación de los perros que empiezan a ladrar. Hablándole a Anna) ¿Sabés? Zeus, Ulises y Aquiles hace varios días que no comen, sólo escuchan el castigo de mi campanita resonar.

ANNA : (Nerviosa) Juan... es una beba... cuidado con lo que hacés.

JUAN : No comen hace días y podría dejar a Solcito entre ellos durante horas y no le pasaría nada. Eso es la dignidad de no tener nada. Algo que vos desconocés. (Juan abre la puerta donde se encuentran los perros. Anna se abalanza sobre él para quitarle la nena pero él le da un terrible empujón contra una de las paredes)

ANNA : (Sin aire por el golpe. Entre cortada) Pará, hijo de puta, pará. Con la beba no.

(Juan apoya la beba en el piso del cuarto donde están los perros y cierra la puerta dejando la beba sola con los perros. Anna trata de empujarlo pero él la toma por la espalda y la inmoviliza.)

ANNA : (Llorando. Desesperada) Ya está, ya está. Hago lo que quieras. Por favor....te lo suplico.

JUAN : (Haciendo en su oído con la boca el ruido de un reloj) Callate. Fijate cuánto pesan los segundos. Mucho, ¿no? Es el peso de estar solo. A mí me pasa todos los días. Vos no. Vos te agarrás de la nena para salvarte. No es justo.

Juan la suelta, y Anna entra al cuarto y recoge a la beba que se encuentra perfectamente.

ANNA : (Acariciando a su hija, se aleja). ¿Estás bien, mi amor? Sí, no llorés que no te pasó nada. (Gritando ) ¡Sos un loco de mierda! Nunca más la vas a tocar.

JUAN : En tres días, vas a rogarme que te deje quedarte conmigo. Quince lucas para el ganador. (Juan se acerca a su lado y aproxima su nariz al cuello de ella. La huele exageradamente como hacen los perros)

ANNA : Dejame, hijo de puta. Me voy.

 

Escena 2

Día siguiente. Juan está sentado en el sofá. Se lo ve desconsolado. Suena el timbre del departamento. Juan comienza a arrascarse insistentemente todo el cuerpo. Abre la puerta. Es Anna, quien ingresa rápidamente y se dirige directo al modular donde comienza a abrir los cajones. Se la ve nerviosa al no encontrar lo que busca. Juan se acerca lentamente y saca de uno de los estantes superiores del modular un recipiente con unas pocas galletitas dulces. Anna abre la tapa y comienza a comer desesperadamente las galletitas. Apoya su pared contra la espalda y se sienta en el piso. Llena su pecho de migas. Juan se sienta a su lado.

ANNA : (Con la boca llena) No puedo, Juan. No puedo más.

JUAN : Yo tampoco.

El intenta abrazarla, pero una vez que ella comió todas las galletitas, se limpia las migas, coloca el recipiente en el modular y se para con su normal postura como si el momento anterior no hubiera existido. Ella se dirige hacia la ventana. Arranca los papeles que cubren las ventanas.

JUAN : ¿Qué hacés?

ANNA : (Con su habitual neurosis) A este departamento le falta vida. No podés vivir encerrado en la oscuridad. Hay que dejar entrar el aire. Te quiero aclarar una cosa: si voy a volver a vivir acá después de la carrera, tenés que empezar a...

JUAN : (Desconcertado ) Yo no te dije que...

ANNA : No hagas bromas, Juan. Ayer me dijiste que al ganar la carrera, con los quince mil pesos, íbamos a poder salir adelante.

JUAN : (Con un tono de preocupación) Pasó algo, Anna.

ANNA : ¿Qué?

JUAN : Hoy murió de hambre Zeus y ahora Ulises y Aquiles no me hacen caso. Se rebelaron.

ANNA : ¿Y?

JUAN : ¿No te das cuenta? A un día de la carrera, los animales no me responden. Tanto entrenamiento, tantos sacrificios y ahora...

ANNA : No hay carrera, no hay premio, no hay vida nueva... (Anna le da un cachetazo a Juan. Conteniendo el llanto) Te creí, Juan. Como una tonta una vez más lo hice. (Se levanta y se dirige hacia la puerta. Cuando va a abrir el picaporte, escucha el llanto de Juan. Se detiene)

JUAN : (Llorando, se va deslizando hasta caer en los pies de Anna. Comienza a besarle los zapatos como si fuera una mascota) No me abandones, Anna.

ANNA : ¿Qué querés que haga? Era tu última oportunidad. Yo le tengo que dar de comer a Solcito.

JUAN : Yo te juro que voy a...

ANNA : No jurés nada. Si no sabés, ni podés cumplir. No sos suficiente hombre para mantener siquiera una beba de seis meses.

JUAN : Callate, perra hija de puta.

ANNA : Sí, eso es lo que te gustaría que fuera. Una perra. Una perra veloz que gane tu carrera y te vuelva a sacar de la mierda. Pero no. Digo basta. Quiero un hombre que me salve a mí. A mí, ¿entendés?. Y lo voy a encontrar.

JUAN : Puedo trabajar en seguridad privada. Custodiar un shopping, una galería o tener una garita en una esquina de barrio.

ANNA : Por 300 pesos y una pistola de juguete. ¡Qué futuro digno nos espera!

JUAN : ¿Y qué querés, enferma? (Agarra un revolver que tenía en un cajón) ¿Querés que me pegue un tiro?

ANNA : (Bajándole el arma) No te equivoques. Yo no quiero nada. Nunca más voy a querer algo. Por eso ya no sufro.

JUAN : (La sujeta por detrás) ¡Qué afortunada que sos! No sufrís. (Pasándole el arma por el pubis) ¿O será que ya tenés otro macho que te chupa las lágrimas?

ANNA : Sí, uno bien hombre...hasta con techo y comida. (Con ironía) Qué grandes ambiciones que tengo, ¿no?

Juan le pega un cachetazo fuerte con la mano que no tiene el arma. Luego se agarra angustiado la mano con la que golpeó .

JUAN : Vos me provocaste. Perdoname.

ANNA : Hace tiempo que dejé de perdonarte. ¿Qué cambia eso?

JUAN : Sabés que hace mucho que no pasaba. Entendeme.

ANNA : Sí.

JUAN : ¿Sí que?

ANNA : Sí, a lo que quieras.

Silencio. Se miran como estudiando qué hará el otro.

ANNA : Me voy.

JUAN : No, por favor. Te lo ruego. No me dejés hoy. Vos y Sol son lo más importante para mí. Me muero sin ustedes.

ANNA : ¿Morir de amor? No, Juan. De hambre vas a morir. Y yo no te quiero acompañar en tu cajón. (Enfila hacia la puerta. Juan corre hacia la habitación de los perros. Hace sonar la campanilla, se arremanga uno de los brazos y lo mete dentro del cuarto. Se escuchan unos ladridos. Luego de unos segundos saca el brazo todo ensangretado)

JUAN : Hablo en serio, Anna. Me muero si no las tengo conmigo. (Mostrándole el brazo mordido) Ya sufrí como vos. Ahora hay algo que nos une. Quedate al lado mío.

ANNA : (Anna lo mira no sabiendo si amarlo u odiarlo. Toca con su dedo el brazo herido y lame una gota de sangre que quedó en el mismo. Una lágrima comienza a recorrer la mejilla de Anna)

JUAN : ¿Qué pasa?

ANNA : Rápido. Andá a poner los discos.

JUAN : Los vendí.

ANNA : Tirá la cebolla en la sartén.

JUAN : No tengo.

ANNA : Hijo de puta. No lo puedo recuperar. Se fue. Se perdió. El recuerdo se desvaneció. Hacé algo, la puta madre.

JUAN : Cerrá los ojos fuerte, bien fuerte. Olvidate de todo. Sólo dejate llevar. (El comienza a cantarle la polca paraguaya del disco que escucharon aquel día)

ANNA : No. Inútil. Ya no está. Es como si lo hubieran borrado.

JUAN : No, no volvamos a intentar. (Canta más fuerte)

ANNA : (Abre los ojos lentamente. Con una mirada descarnada recorre todo el espacio y termina mirando a Juan) Me voy, Juan.

JUAN : No vas a volver, ¿no?

ANNA : No.

JUAN : ¿Aunque de alguna forma consiga guita?.

ANNA: Aunque... (Se calla) Se fue, Juan.

JUAN : Por lo menos, una vez por semana. No puedo vivir sin vos.

ANNA : (Anna quita su pañuelo del cuello y cubre dulcemente la herida del brazo de Juan) Adiós, Juan. (Lo besa en la mejilla. El la huele mientras ella lo besa. Se miran. Ambos saben. Ella sale.)

Juan se da unos golpes a sí mismo. Se angustia. Comienza a llorar y a arrascarse frenéticamente. Vuelve a tapar las ventanas con los papeles de diarios. Empieza a sacarse la ropa hasta quedar completamente desnudo. Busca su libreta de anotaciones y la deja sobre la mesa. Camina lentamente hacia la habitación de los perros. Ingresa. Sólo se escuchan los ladridos.

Apagón final




Gabriel Fernández Chapo. Dramaturgo, director, docente e investigador teatral. Es Licenciado y Profesor en Letras, egresado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ). Ha cursado estudios de dramaturgia con Ricardo Halac, Paco Zarzoso y Mauricio Kartun, y de dirección con Rubén Szchumacher y Emilia García Wehbi, y ha sido becario de la Secretaría de Cultura de la Nación.
Es Jefe de Trabajos Prácticos de la materia “Panorama de la Literatura I” y del seminario “Cine y Literatura” de la Universidad del Cine (Ciudad de Buenos Aires); fue Profesor del “Taller de Lectura, Escritura y Técnicas de Estudio” de la Facultad de Derecho (UNLZ); y Colaborador en el dictado de seminarios para la carrera de Letras de la Facultad de Ciencias Sociales (UNLZ). Es investigador del Centro de Investigación en Historia y Teoría Teatral (Centro Cultural R. Rojas- UBA), del Area de Artes Escénicas del Centro Cultural de la Cooperación y del Centro de Investigación en Literatura Comparada (CILC) de la UNLZ.
Ha publicado medio centenar de artículos críticos en libros y en revistas teatrales, ofrecido ponencias en Jornadas Nacionales e Internacionales de Teatro y dictado seminarios en Festivales teatrales del interior del país.
En el campo teatral, ha desarrollado los siguientes espectáculos: “Por la luna” (Dramaturgia); “La carrera” (Dramaturgia); “La casa chica” (Dramaturgia y dirección); “Perturbaciones” (Obra en coautoría, con el apoyo de ARGENTORES); “Entre grietas y ríos. Intersticios de vidas a flote” (Dramaturgia); “Mil puertas (Retrato psicótico del encierro infinito”. (Dramaturgia); “Harriet. Boceto de una inglesa de cierta edad”. (Dramaturgia y dirección).
Contacto con el autor: fernandezchapo@yahoo.com.ar



volver   ir al principio
Sitio Diseñado por L+T Comunicación gráfica y virtual - Div. Informática de COEP ltgraficavirtual@gmail.com // www.ltgraficavirtual.com.ar // 011-1553850157