Siempre había sido una mujer menuda y muy inquieta. “Puro ojos”, decía mi padre y mi madre agregaba y puro corazón. Todos la querían y la visitaban, llevándole cosas para sus niños.
Ella bajaba al pueblo una vez por mes, hacía sus compras, charlaba con todos y se iba con su camioneta cargada de alimentos, ropas y útiles para la escuelita.
Su muerte había sorprendido a casi todos. Digo casi porque el médico y los chicos estaban advertidos y la de ellos era una pena atenuada.
Era tan cuidadosa y dedicada que se ocupó de prepararlos y hasta de anticipar tu llegada. Les dijo que tu madre había sido su amiga más entrañable. Que ustedes se parecían, y que vos los ibas a querer seguramente más que ella porque eras más alta y tenías el corazón más grande. Los chistes y los cuentos los mantenían alegres, un poco distraídos de su pobreza.
-Todo un desafío.
-Ya lo creo. Llegamos.
El aula estaba dispuesta, el pizarrón limpito, con tizas nuevas. Sobre la cocina a leña las grandes pavas para el mate cocido. Sobre las paredes, los afiches con los nombres de los chicos, el abecedario, las tablas y un gran mapa político de la Argentina.
En su cuarto, todo en orden. Algunos paquetes con ropa y zapatos para regalar; una encomienda lista para mandar a Buenos Aires y varios sobres.
Abrí el mío: agradecimientos, recomendaciones, buenos deseos, consuelo.
-¿Siempre fue así, tan ordenada, tan detallista? Esto ya me está intimidando –dijo.
-Abrí tu sobre, contesté. Seguramente te dejó algún remedio para eso porque parece que pensó en todo.
Cuando lo abrí, me sobresaltó encontrar una carta dirigida a su hermano.
-Parece que no era tan infalible, después de todo.
Andrés dijo que lo había hecho a propósito, y que ése era justamente el mensaje que me dejaba. Nos reímos por la ocurrencia, hasta que mis ojos la leyeron, sin querer y sin creer:
Querido Juancito:
Antes de empezar a escribirte puedo ver la sorpresa en el brillo de tus enormes y verdes ojos (como los míos).
Es verdad que hace años que no voy por Buenos Aires y que tampoco te escribo. Tenés razón en enojarte, pero aquí los niños no me dan respiro.
Sí, ya sé que vos y mamá me repetían hasta el cansancio que ser maestra rural en estos parajes era puro sacrificio y soledad. Yo lo elegí entonces y lo sigo eligiendo ahora, hasta que me den las fuerzas.
Hablando de fuerzas, resulta que parece que mi chagasito, como yo le digo, - y el médico se ríe- me llevará pronto a pasear para allá arriba, no más.
Sí, ya sé que no te gusta que hable como mis chicos, como si hubiese olvidado por completo mis orígenes y mi identidad. A propósito de esto, hay algo que debo decirte antes del viaje.
¿Te acordás de cuando jugábamos a la mamá y yo te decía mi hijito, portate bien... mi hijito, te quiero tanto y mi hijito nunca me olvides?
Sí, claro, con la ropa y los dichos de la abuela
María. Y mamá se enojaba. Siempre.
Bueno, Juancito, aquello no era un juego para mí, y tampoco lo era para mamá que nunca se atrevió a revelarte la verdad. Esta verdad que hubiera significado,
-según abuela-, la muerte de mamá (tan delicada siempre de salud), o mi locura... y tu dolor.
Pero ahora que sos padre, y yo abuela (a la distancia) soñé ayer que de verdad teníamos derecho a compartir esta caja que te mando con los cuentos y poemas para niños que divierten tanto a mis chicos pero que fueron escritos para vos y para tus hijos a lo largo de estos años.
Tengo que pedirte perdón y tengo que decirte que tu papá te hubiese amado tanto como yo si hubiese sabido que existías, pero éramos niños. Y los niños en esa época obedecíamos tanto a nuestros mayores...
Espero que vos no seas tan estricto con los tuyos...ni conmigo.
Te amo
Anita
Los dos sabíamos que había que tomar una decisión. Preparamos café con anís, como le gustaba a Ana. Lo tomamos en silencio, como una invocación, o un pedido de auxilio. Pero ella, que siempre había sido tan segura, tan decidida, nos estaba dejando a nosotros esta última determinación.
Finalmente nos pareció que lo mejor era viajar y hacer la entrega personalmente. No es bueno recibir estas noticias por correo.
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Teresa López es Profesora y Licenciada en Letras por la Universidad de Lomas de Zamora. Se encuentra realizando su maestría en la Universidad de Buenos Aires. Dicta talleres de lectura y escritura. Se dedica a la investigación en el campo de la narrativa, especialmente en la producción de Julio Cortazar, sobre quien ha publicado diversos artículos.
Contacto: tc.lopez@live.com.ar
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